Maximiliano Neri
Por Maximiliano Neri
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Cuando hablamos de transición a la movilidad sustentable, resulta increíble observar como la humanidad con su momento de mayor poderío en desarrollo tecnológico ha entrado en una miopía aguda al cerrar y concentrar sus esfuerzos en una sola tecnología o a lo sumo dos.

Los titulares no paran de exaltar a los vehículos 100% a batería y en segundo lugar y muy lejos los vehículos con pilas de combustible de hidrogeno.

La discusión tecnológica esta monopolizada por estas dos opciones y si hay que ser sincero por una de ellas, los autos 100% a batería.

Bajo ningún punto de vista quiero estigmatizar a las tecnologías antes mencionadas, pero quiero resaltar que es casi la única opción que hoy estamos trabajando.

Hace un tiempo me entrevisté con el directivo de una empresa de ingeniería dedicada al diseño de motores de combustión interna, cajas de cambios, celdas de combustible y componentes para vehículos a batería, y me transmitió la preocupación que tenía al ver el increíble sesgo por parte de las empresas automotrices por invertir inmensas cantidades de dinero solamente en el desarrollo de baterías y la falta de atención a otras tecnologías.

Desde mi punto de vista seguimos cometiendo el mismo error, creer que el nuevo paradigma de la movilidad será “monotecnológico” como lo fue el anterior. Una sola herramienta resolviendo todos los problemas, y no llegamos a entender que la diversidad y flexibilidad de la tecnología utilizada en el futuro nos da la capacidad de adaptación que la transición nos demanda.

Cuando hablamos de diversificación hablo de tecnología y de combustible o vector energético. Hablo de hibridación en el término de fusión de distintas tecnologías.

Solo quiero dar un ejemplo que a nivel personal me convence como alternativa y me sorprende su poca difusión; las pilas de combustible de oxido sólido (SOFC). Esta tecnología es similar a la pila de combustible de hidrógeno pero con ventajas enormes sobre esta.

Estas celdas de combustible son de alta temperatura (600 a 700 C) y son de materiales cerámicos, su gran ventaja es la diversidad de combustibles que puede utilizar. Mientras que las pilas de combustible de hidrogeno nos acorralan en los infinitos problemas de producción, almacenamiento y distribución del de ese combustible las pilas SOFC nos liberan de él y sus complicaciones como vector energético.

Las SOFC funcionan con una diversidad enorme de combustibles, su alta temperatura de funcionamiento evita la contaminación de sus placas permitiendo trabajar con una gran variedad de ellos. Bioetanol, GNC, GNL, Naftas, diesel, hidrogeno, glicerina, gas de síntesis y muchos más; su versatilidad es asombrosa.

También, resuelve la diversificación de fuentes de energía y la cadena de distribución. Imaginemos lo simple  de implementar esta tecnología si utilizamos bioetanol, como lo viene desarrollando Nissan en Brasil. Toda la cadena de distribución estaría montada y tendríamos todas las mismas ventajas de los vehículos eléctricos con nuestra infraestructura actual.

Y si pensamos en esta misma tecnología funcionando con GNC en la Argentina, con una Red increíblemente desarrollada y la materia prima disponible.

¿Y si utilizamos esta tecnología en el transporte de cargas? ¿Y si pensamos en pilas de combustible de oxido sólido que funcionen en camiones, donde ya sabemos que es imposible que sea a batería 100%?.

Imaginemos la diversidad; camiones que con la misma tecnología puedan usar Bioetanol en Brasil, GNC o GNL en la Argentina, glicerina en Barcos que transportan biodiesel que es subproducto de alta disponibilidad en la Argentina. Muchas opciones, muchas ideas si solo nos permitimos agrandar el espectro de nuestras posibilidades, y quiero destacar que hablé solamente de una tecnología, imaginen más.

Que hay desafíos, por supuesto que los hay, iguales a los que plantea el desarrollo de cualquier tecnología, pero ante un mundo que camina a la diversificación, las pilas de combustible SOFC son el santo grial tecnológica como lo escuche nombrar alguna vez.

Cerrando esta columna regreso sobre el tema que nos compete; la miopía tecnológica, el error de tomar nuevamente un camino monotecnológico.

La resiliencia es la palabra clave y la diversificación su expresión práctica. El futuro nos plantea ese desafío que precisamente no se consigue considerando variables netamente económicas.

¿Qué pensamos de las capacidades locales?

Es muy interesante el hidrogeno como vector energético para un país como Japón. Allí la energía nuclear puede transformarse económicamente en hidrógeno y su pequeña superficie simplifica el desarrollo de una red de distribución del mismo. Ahora hay que pensar cómo se adapta esa tecnología a países como Argentina y Brasil por citar un ejemplo, aquí las distancias son muy superiores y las plantas nucleares una rareza.

En estos tiempos estamos reflexionando mucho sobre el ocaso o caducidad de la globalización, el modelo es interpelado sistemáticamente, entonces la respuesta es lógica.

Debemos empezar a migrar de un modelo de globalización a uno de “glolocalización” como nos plantea Jeremy Rifkin. Pensar las soluciones desde el territorio y luego integrarnos al mundo con nuestras soluciones. Las soluciones ya no son exportables, hoy la soberanía se resignifica y es interesante tomar las nuevas responsabilidades que eso implica. Cada territorio es responsable de sus propuestas sustentables.

El COVID 19 nos tomo de improvisto, estamos todos encerrados porque nuestros sistemas de salud no son resilientes, no tienen buffer, no contempla la adaptación, un cambio en los parámetros de volumen de atención lo hizo colapsar, los cisnes negros no tienen lugar, nunca fueron contemplados en su diseño.

Ese sistema fue forjado únicamente por directrices económicas y ha llevado la eficiencia a través de pensar que la demanda es estacionaría, predecible, conocida.

¿Qué nos pasa cuando nos alejamos de los parámetros del régimen estacionario? Si queremos entender la vulnerabilidad de un solo vector energético para la movilidad del futuro pensemos en un gran apagón o problemas en los sistemas de distribución eléctricos que no solo traerían penurias asociadas a la falta de energía necesaria para los hogares e industrias y comercios sino que nos dejaría inmóviles si todos nuestros vehículos fuesen 100%  a batería.

Otra vez veamos la necesidad de diversificar. Embeber sistemas dentro de sistemas y buscar la integración vertical tienen ventajas pero muchas debilidades aparejadas.

Los ecosistemas se han desarrollado de manera tal de poder adaptarse a los cambios, su ámbito de aplicación no es un laboratorio, su campo de acción es la realidad. Los monocultivos son un artificio humano que solo logra eficiencia en detrimento de la resiliencia, aprendamos de la naturaleza; ella tiene  más experiencia y es diversa ante todas las cosas.

¿Alguien habla de la transición y como será recorrida? Alguien habla de los supercapacitores, alguien habla de la combinación de celdas y baterías, ¿alguien habla de estos temas?

Si, puede ser que se hable, pero todo queda eclipsado por el nuevo monopolio tecnológico.

Para diseñar el futuro siempre nos han dicho de pensar fuera de la caja, en tiempos de COVID 19 la caja ha desaparecido, ya no hay que hacer el esfuerzo. La caja no esta más!, nuestro marco de referencia se ha esfumado! solo debemos empezar a pensar.

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