Ayelén Portaluppi
Por Ayelén Portaluppi
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Cada vez más empresas eligen comenzar la transición a una movilidad cero emisiones. La incorporación de vehículos a batería presenta resultados económicos tangibles, ahorrando en el consumo de diésel y reduciendo gastos en mantenimiento del 90%. Además, la disponibilidad de las unidades alcanza el 99% del tiempo.

J.I.Cohen es una empresa guatemalteca que se dedica a la distribución de productos farmacéuticos y desde hace 4 años cuenta con 11 vehículos eléctricos en su flota que circulan en la capital y municipios aledaños.

La firma optó por unidades de Nissan env200 comprados e importados de España. La elección se basó en la autonomía de los vehículos -140 km- de acuerdo a la distancia promedio de las rutas que realiza cada vehículo – entre 60 y 80 km -.

Alberto Cohen, gerente general de J. I. Cohen, relata su experiencia: “En 2015 comenzó la idea del recambio de la flota, en marzo del 2016 se compró una unidad para realizar las pruebas durante un par de meses y en noviembre se hizo el pedido por diez unidades más. En estos cinco años no hemos tenido ningún inconveniente”.

“A la primera no le podíamos sacar la tarjeta de circulación porque nos pedían la cilindrada. Al final lo resolvimos”, comenta con gracia.

Los Nissan se compraron a 24.800 dólares y un Hyundai H1 con similares características estaba valuado en 21.950 dólares. El impuesto a la importación es del 0% en eléctrico y el inmobiliario solo del 5%.

En una comparativa, el vehículo a diésel rinde 35 km por galón, el eléctrico 140 km por carga. En ese momento el costo del diésel era de 21,93 quetzales por galón y en electricidad 1,35 por kwh. Representan 0,63 quetzales por km frente a 0,23. Es decir que el eléctrico es 2.7 veces más económico.

El ahorro más significativo es en cuanto a mantenimiento. A los 24, 48, 72 y 96 mil km se le cambia el líquido de freno y el filtro del aire acondicionado. A los 36 y 72 mil km la batería del control de la llave de arranque. A los 100 mil km recién se hace la primera revisión de los frenos.

El costo del mantenimiento en diésel promedia en 70 mil quetzales en 105 mil km y en eléctrico, 7 mil. En combustible, el costo acumulado es de 67 mil quetzales contra 24 mil.

“El gasto en mantenimiento prácticamente lo eliminamos. La gran ventaja es que las unidades nunca están en el taller, están siempre trabajando. En tanto a la auditoria de los combustibles, no hay que hacer controles de tarjetas ni vales”, explica Cohen.

En tanto a infraestructura de carga, la firma instaló cargadores individuales de 6.6 kw en su sede. Esta medida permite la posibilidad de conectarlos todos a la vez y no afectar la potencia.

“Los cargadores rápidos son de emergencia y no se nos presentan esas situaciones. Hoy las autonomías de los vehículos son de 200 km y en la ciudad no se recorre eso”, justifica el titular de la empresa.

El 100% de batería se completa en aproximadamente 4 hs. y se programan para cargar a partir de las 22 hs. Si algún chofer extiende su ruta o debe continuar por la tarde realiza un corte al mediodía para cargar una hora y continúa.

Recuerda un único inconveniente durante estos años: “Al mes que renovamos la flota un conductor no cargó bien la noche anterior, se quedó parado y lo buscamos con una ruta. Es solo adquirir la dinámica de llegar y conectar el cargador antes de irse”.

Las declaraciones se dieron en marco del webinar «Empresas sostenibles: migración a flotillas eléctricas» organizado por la Asociación de Movilidad Eléctrica de Guatemala (AMEGUA).

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