Verónica Geese
Por Verónica Geese
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La abundancia de materia prima natural es lo que nos caracteriza como país, es nuestra raíz histórica, geográfica y biológica, es lo que nos da nuestras grandes ventajas comparativas. En ese marco los biocombustibles son sólo uno de los ¨biomateriales¨ con los que que el sector rural puede aportar aún más a la economía nacional, reemplazando importaciones, industrializando en origen, masificando la Bioeconomía, mejorando la huella ambiental del país y de sus productos.

Toda la industria nacional de los biocombustibles se origina en la Ley 26.093 por la que hoy hay más de 50 plantas que emplean a más de 65.000 argentinos en 9 provincias,  este régimen de promoción vence en 2021, lo que genera inestabilidad jurídica y económica a las actuales empresas e impide el desarrollo de nuevos emprendimientos.

Es por eso que es necesaria un nuevo marco normativo, que tome el aprendizaje de la aplicación de la ley vigente, y las experiencias que, como BioBus en Santa Fe, han desmitificado la incapacidad técnica de utilizarlos en más altas mezclas o incluso puros, haciendo que hoy podamos pensar en un aumento de la proporción de los biocombustibles en la matriz energética nacional, revalorizando la producción federal de energía, el arraigo territorial que la industria promueve y activando una movilidad más sostenible.

Pero, además de dar forma a una nueva legislación, deberíamos aprovechar este momento de quiebre para definir entre todos un horizonte de recuperación ¨verde¨, un pacto social enfocado en la sostenibilidad, y ahí las bioenergías tienen mucho para aportar. Podemos establecer hoy nuevas prioridades como sociedad, entender lo que estaba mal y reconstruirlo, va a ser necesario mucho dinero, muchas políticas públicas y mucho consenso, y así el sector energético puede y debe ser repensado, porque define costos, equidad social y federalismo, más que cualquier otro sector productivo.

Las bioenergías son sólo la punta de este iceberg biológico, de esta Vaca Viva, desde el alcohol, la burlanda, la glicerina y otros que ya hoy son co productos de esta actividad, hacia el desarrollo de nuevas industrias, de bioplásticos, de green diesel, de biofuel jet, las posibilidades son inmensas, porque el mundo debe recuperarse de una crisis sin precedentes.

En Argentina tenemos el potencial de posicionarnos en mercados de mayor valor agregado, impulsando Biorefinerías a lo largo del país y guiándonos por  la economía social ecológica, apostando al triple impacto positivo que incluye a las personas, que respeta la descentralización y apunta a la independencia y a la resiliencia.

En épocas de crisis como esta debemos mirar para adentro con inteligencia, si hay que barajar y dar de nuevo, hagamos juego con las mejores cartas que tenemos, el campo,  la industria y la ciencia, asociados son para dar retruco.

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