Carolina Schmidt
Por Carolina Schmidt
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El incremento de la población mundial y su concentración en ciudades ha tenido diversos impactos en el medio ambiente. Uno de los más relevantes es la emisión de gases de efecto invernadero y su consiguiente repercusión en el sistema climático a causa del transporte.

Con un 80% de su población viviendo en zonas urbanas y el 1 5% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero aportadas por ese sector, América Latina y el Caribe necesita avanzar hacia un transporte más eficiente, pero también limpio. Esto le permitirá también responder a los problemas de salud que conlleva la contaminación atmosférica, que hoy cobra la vida de 300.000 personas al año en la región.

Hay avances, pero es imperativo acelerar la trasformación “verde” de las ciudades y los sistemas de transportes América Latina y El Caribe. Esta transición traerá una serie de beneficios, tales como la reducción de la contaminación y de la congestión vehicular en ciudades, fomentar el desarrollo de energías renovables, aprovechar y generar ventajas competitivas y finalmente, aumentar el bienestar de toda la población.

Como Presidencia de la COP 25 creemos que para lograr cumplir con lo que nos pide la ciencia y tener mayor ambición se requiere traer nuevos temas nuevos actores y más sectores a la acción climática y transportes y particularmente la electromovilidad, puede jugar un rol protagónico. Un ejemplo: cada autobús eléctrico puede evitar hasta 60 toneladas de emisiones de carbono al año.

En Chile estamos apostando fuertemente por la movilidad eléctrica. Desde 2019, estamos implementando la Estrategia Nacional de Electromovilidad. De la misma manera que países tales como Colombia, Costa Rica y Panamá, esta política pública de largo plazo tiene el objetivo de fomentar un uso eficiente de la energía en el sector transporte para reducir sus efectos en el ambiente y para disminuir la dependencia de combustibles fósiles e importados y la vulnerabilidad implícita de esta situación.

Nuestra meta es un 100% de transporte público urbano eléctrico al año 2040 y al año 2022 tener 10 veces más autos eléctricos que hoy, hitos que serán clave para poder contribuir a lograr el compromiso de alcanzar la carbono-neutralidad a 2050, en línea con lo que la ciencia ha requerido para lograr los objetivos del Acuerdo de Paris. Pero sabemos que no solo es Chile el que está transformándose hacia la electromovilidad y que América Latina y el Caribe han dado pasos sustantivos en esa dirección.

Este informe del Programa de Naciones Unidas del Medio Ambiente, el tercero de esta serie, así lo demuestra, recopilando los avances de la región en la electrificación del transporte urbano en 2019, año decisivo en el posicionamiento de América Latina y el Caribe como una región pionera en el despliegue de la movilidad eléctrica, en especial en el desarrollo de regulación y la implementación de proyectos piloto. Nuestra región ya cuenta con 6000 vehículos eléctricos livianos; 11 países que han instaurado algún tipo de electro corredor; y 13 países se encuentran preparando sistemas de transporte público de buses eléctricos, entre otras cifras destacables.

Indudablemente hay desafíos en materia de infraestructura, redes de recarga o electro-corredores y la estandarización de las tecnologías utilizadas, pero hoy la región exhibe procesos de innovación en las tecnologías, los modelos de negocios, las mecanismos de financiamiento y los contratos permiten afirmar que la electromovilidad llegó para quedarse.

Estos esfuerzos no se acotan a la acción en los territorios nacionales. Recordamos que un grupo de países de nuestra región ha expresado el interés y compromiso de avanzar en esta materia a nivel multilateral. En 2019, logramos la aprobación de una resolución de movilidad sostenible en la Cuarta Sesión de la Asamblea de Naciones Unidas del Medio Ambiente, la que impulsamos gracias al trabajo conjunto con Argentina, Costa Rica y Perú. Este es un primer paso para destacar a la región como líder en la movilidad eléctrica a nivel internacional.

Estamos en un momento trascendental para consolidar ese camino. La pandemia del COVID-19 ha evidenciado que los confinamientos en toda la región han mejorado exponencialmente el aire que respiramos, sin embargo, éste es solo un efecto momentáneo y cuando la crisis sea superada, los países se verán enfrentados a los duros impactos económicos que ya se prevén y tendrán que decidir si quieren volver a los antiguos sistemas productivos u optar por una recuperación limpia, verde y sostenible.

En Chile, creemos que ése es el camino y la descarbonización del transporte puede jugar un rol fundamental. El informe del programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente “Carbono Cero América Latina y el Caribe 2019” así lo anticipa. Mediante la descarbonización de la matriz energética y la electrificación total del sistema de transporte en 2050, la región podría evitar 1 100 millones de toneladas de C02 y ahorrar 621.000 millones de dólares por año, ahorros que incluirían reducciones en gastos vinculados a transporte terrestre, electricidad e incluís salud por la disminución de la contaminación del aire en las ciudades.

Hoy tenemos la oportunidad de elegir un transporte limpio, que nos permita alcanzar las metas de reducción de emisiones y carbono-neutralidad que contribuya a un medio ambiente libre de contaminación y que mejore sustantivamente la calidad de vida de nuestros ciudadanos en América Latina y el Caribe.

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